Cuando el clic se convierte en obstáculo

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Dos mujeres adultas mayores sonriendo mientras leen a través de un teléfono celular

En la era digital, una simple acción como hacer clic parece trivial. Pero para miles de personas mayores, ese gesto cotidiano puede transformarse en una verdadera barrera. En la Ciudad de Buenos Aires, donde más del 23% de la población tiene más de 60 años, la digitalización de trámites y servicios ha avanzado más rápido que la inclusión efectiva de quienes no crecieron con tecnología.

Aunque el 82% de las personas mayores usa el celular, el 60% de ellas enfrenta dificultades para realizar gestiones digitales de forma autónoma. ¿Qué significa esto en la vida cotidiana? Que para sacar un turno médico, consultar una cuenta bancaria o inscribirse a una actividad, muchas veces dependen de terceros o, directamente, abandonan la idea.

Las causas son múltiples: desde la falta de interfaces amigables hasta la escasa articulación entre actores que buscan incluir a este grupo en la vida digital. Existen iniciativas, claro, pero son dispersas y no logran generar un impacto sostenido ni a gran escala. Además, persisten prejuicios que subestiman las capacidades de las personas mayores, reforzando la brecha digital y social.

Esta situación no solo limita el acceso a derechos y servicios, sino que también afecta la autoestima, la participación cívica y el bienestar emocional. La falta de autonomía digital puede derivar en soledad, frustración y una sensación de no pertenecer a un mundo que avanza sin esperarlas.

Desde Acceso Senior, creemos que todos pueden usar la tecnología, si cuentan con el acompañamiento adecuado y herramientas pensadas desde sus necesidades. Pero antes de hablar de soluciones, es fundamental visibilizar el problema: no se trata de que las personas mayores “aprendan más rápido”, sino de que la tecnología y los servicios digitales se diseñen con inclusión y empatía.

Porque cuando un clic se convierte en obstáculo, el problema no está en quien no puede hacer clic, sino en cómo estamos construyendo el acceso.

 Conociendo a los Facilitadores Digitales Senior

“La computadora no muerde”, dice sonriendo una de las facilitadoras digitales al comienzo del video. Es mayor, como quienes la rodean, y ahora forma parte de un grupo que no sólo se animó a dar el salto digital, sino que hoy se dedica a acompañar a otros en ese camino.

Lo que al principio parecía una barrera infranqueable —aprender a usar la tecnología y ayudar a otros en el proceso—, se transformó en una fuente de orgullo, confianza y comunidad. “Pensábamos que era imposible. ¿Cómo íbamos a poder ayudar nosotros a otros, si también somos grandes?”, relata otro de los participantes. Hoy, sin embargo, son referentes, y sienten la alegría de haber descubierto el valor de tender la mano.

En las Consultorías Digitales instaladas en Centros de Día de la Ciudad de Buenos Aires, estos facilitadores acompañan a otras personas mayores en el acceso a trámites y servicios digitales. Lo hacen con paciencia, con empatía, y sobre todo con la convicción de que todos pueden —y deben— tener la posibilidad de usar la tecnología para vivir con más autonomía.

Entre los relatos, hay historias que conmueven. Una de ellas cuenta cómo una persona mayor que se acercó a la consultoría porque hacía cinco años no tenía noticias de su hijo, logró gracias al acompañamiento volver a comunicarse y reencontrarse con él.

Cada clic que logran acompañar, cada consulta resuelta, no es solo un trámite: es una oportunidad de reconexión, de participación, de confianza recuperada. Para quienes facilitan y para quienes reciben el apoyo, la experiencia cambia la forma en que se ven a sí mismos y a los demás.

A medida que vamos proyecto muestra que la inclusión digital no es solo una cuestión técnica: es profundamente humana. Y cuando se construye desde la empatía, el respeto y la participación activa, tiene el poder de transformar realidades.